Un buen examen del menisco por lo general nos dice casi todo lo que necesitamos saber antes de hacer cualquier estudio de imagen. Su especialista le preguntará exactamente cómo ocurrió (¿hubo una torcedura, un chasquido, una caída? ¿Se le hinchó la rodilla esa noche o a la mañana siguiente? ¿Se traba, se atora o le falla?) y luego le hará un examen físico enfocado.
Palpamos la línea articular para buscar puntos de dolor, revisamos si hay derrame (líquido en la articulación) y hacemos pruebas de provocación, como las de McMurray y Thessaly, que cargan y giran la rodilla para reproducir el atoramiento o el dolor típicos de un desgarro. Estas pruebas, junto con lo que usted nos cuenta, identifican un desgarro de menisco con una precisión sorprendente.
Después, las radiografías con carga (tomadas de pie), que hacemos en la mayoría de nuestros consultorios de Los Ángeles, descartan artritis, cuerpos libres o fracturas. Los rayos X no muestran el menisco en sí (es cartílago, no hueso), pero sí muestran todo lo que está alrededor y que podría estar contribuyendo a su dolor.
Cuando necesitamos confirmar el tipo, el tamaño y la ubicación del desgarro, la resonancia magnética (MRI) es el estándar de oro. Pedimos la resonancia de forma selectiva, no a todos los pacientes, porque en muchos desgarros degenerativos el resultado no cambia el plan de tratamiento. Si usted necesita un estudio de imagen, lo coordinamos con un proveedor dentro de su red para que el costo sea predecible. La mayoría de los pacientes salen de su primera visita con un diagnóstico, un plan y una idea clara de los siguientes pasos.